domingo, 3 de febrero de 2013

BARRIO DE MATADEROS


Hacia 1980 del siglo pasado, Buenos Aires era una gran aldea que presumía de ciudad cosmopolita, algo así como un París Sudamericano por no compararlo con Nueva York. Los arrabales habitados por gentes pobres y maleantes estaban en sitios donde hoy  se puede considerar el centro de Buenos Aires.  Carros y chatas con ruedas de hierro, llegaban desde el interior de la pampa húmeda deteniéndose en la gran plaza y los alrededores. Los carreros y cuarteadores acampaban el los lugares cercanos donde inmediatamente se integraban a los lugares de diversión merecida.
     Así entre la llegada y la nueva partida se entretenían con mate, bailes y chinas deseosas de compartir hombre y plata fresca.  Los burdeles que estaban instalados en los alrededores eran una fiesta permanente con asistencia de gente de avería, matones a sueldo, guardaespaldas de políticos, marineros ocasionales, soldados, guitarreros, payadores y chinas cuarteleras entre otros.
      En una plaza denominada "Plaza Miserere" sabían detenerse las carretas de una empresa llamada "Langalay". Los carreros vestían pantalones acortados y alpargatas que adornaban con grandes moños colorados mientras que sabían cantar una compadrada que alguien anónimo compuso ocasionalmente. La cantaban en ritmo de milonga que abundaba en esas épocas y decía así.
                 SOY CARRERO DE LA ADUANA, 
                 DE LA TOPA E LANGALAY
                 TENGO UNA CHATA DE COLA
                 QUE SOLO LE FALTA HABLAR
                 EN EL CORSO DE LAS FLORES
                 NO LA DEJARON ENTRAR
                 PORQUE DE FIJO MI CHATA
                 EL PREMIO SE IBA A SACAR


miércoles, 12 de diciembre de 2012

SEBASTAN PIANA



"Lo que hice,..(repetía muchas veces) Sebastián Piana, fué darle a la milonga  forma de composición musical.  Hasta que llevó a cabo aquellos pensamientos, la milonga tenía una sola parte que se podría llamar importante, ya que estamos hablando de la letra. La música era una sucesión de acordes en mi menor cansina y repetitiva, donde los o payadores primero, y los cantores de arrabales después, fueron colocando letras que hablaban del entorno en que vivian. 
       Piana sabía señalar que sobre la cadencia de la milonga que nunca tocó ni modificó, construyó composiciones musicales mas elaboradas tratando siempre motivos urbanos que como señalé anteriormente, fueron ideas de los hombres que construyeron el camino del tango.

ALFREDO LE PERA



Alfredo Le Pera no escribía letras de tango de forma profesional, era apenas un muchacho inteligente y culto. Y justamente eso era lo que necesitaba Gardel, o mejor dicho lo que necesitaban los productores. Tenía la imaginación necesaria para ir escribiendo los diálogos de su extenso repertorio y el oficio poético para escribir las letras de sus canciones que por aquellas épocas era costumbre interrumpir las acciones de las peliculas musicales. Tenía además un gran sentido del espectáculo para saber lo que el publico esperaba de el. Todas estas virtudes fueron más que suficiente para ponerse a las órdenes de Gardel y no pensar en crearse el mismo un prestigio literario.

sábado, 13 de octubre de 2012

JULIO DE CARO


                                                                                                      

La honra del apellido

Anoche me contaron la conmovedora historia de Julio de Caro. Su padre, don José, era un músico clásico orgulloso de su formación cultural pero que despreciaba la música popular. En la calle Defensa , a 20 cuadras de la Casa Rosada , instaló un conservatorio y un anexo donde se vendían instrumentos musicales y partituras.

Don José había diseñado para su hijo Julito un destino de médico y de gran concertista de guitarra. Pero el pibe, con los atorrantes del barrio y de pantalones cortos se escapó una noche al Palais de Glace a ver la orquesta de Roberto Firpo y quedó fascinado. A la madrugada, todos gritaban que toque el pibe, que toque el pibe y él también porque un tango se llamaba así. Hasta que un amigo le dijo: ”es a vos Julito, la gente pide que toques vos.” Recién cuando apoyó el violín contra su cuello su cuerpito frágil dejó de temblar como una hoja. La música maravillosa que produjo hipnotizó a todos con su belleza.

Cuando Julito regresó de madrugada lo estaba esperando su padre que lo castigó a vivir una semana en un rincón y a pan y sopa. Julito metió violín en bolsa. Su corazón se desgarraba ante cada reto de su padre que insultaba a esos vagos que tocan esa música bastarda, esas melodías prostibularias. Pero la magia del tango ya se había metido para siempre en el corazón de Julio de Caro.

Un día, el tigre del bandoneón Eduardo Arolas lo invitó a tocar en su orquesta y ese fue el final. Otra madrugada el padre de Julio lo esperó detrás de la puerta y lo echó de su casa: “Usted elige mocoso, la medicina, la guitarra y el concierto o esa porquería que toca con el violín. Usted me ha traicionado, ha deshonrado mi apellido”. Y Julio se fue vencido de la casita de sus viejos. Durante 20 años le envió cartas a su madre que nunca fueron respondidas.

Después de mucho sacrificio y pasar grandes privaciones económicas, Julio empezó a triunfar en todo el mundo. Les mandaba a sus padres los recortes de los diarios que hablaban de su genialidad y nada. Ni una línea a vuelta de correo. Por eso su mirada siempre estaba triste pese a que su crecimiento profesional fue caudaloso. El presidente Marcelo T. de Alvear se declaró su admirador.

De gira por Europa una noche tocó en un palacio de Niza ante cientos de bacanes. Alguien se levantó de su mesa, elegante con su smoking tan lustroso como su cabello y dijo: “Así como me reciben a mí les pido que reciban y escuchen a Julio de Caro”. Un presentador de lujo: era Carlos Gardel. Enseguida uno de los bailarines le pidió que repitiera el tango “El Monito”. Y luego otra vez. Y otra. De Caro no podía negarse a ese pedido de Charles Chaplin.

¿Qué extraño misterio arrabalero hacia disfrutar al genio de Chaplin de esa letra que dice “mi pebeta ya se fue/y nunca volverá/Tal vez irá rodando al cabaret/ buscando en su dolor,/ alivio de champán/olvido a mi desdén”. De Caro después tocó para el Aga Khan, para el príncipe de Gales, y fue pasión de multitudes. Se convirtió en un artista inmenso que marcó para siempre con su identidad la música de Buenos Aires. Pero sus padres seguían sin aparecer y la llaga de su corazón seguía abierta.

Paloma Efrom, Blackie, cantó en su orquesta. Edmundo Rivero también. En 1937, nadie quiso perderse el regreso triunfal de Julio de Caro al Teatro Opera.

Después de varias ovaciones, Julio se quedó un tiempo largo en el camarín esperando que se fuera el público para poder salir tranquilo. Pasaron dos horas y salió caminando por el pasillo del teatro apenas alumbrado por pequeñas lucecitas rojas. De pronto vio difusa dos figuras que se recortaban en la penumbra. Eran sus padres. Don José se acercó temblando hacia su hijo y después de 20 años le dijo, sin tutearlo: “Vengo a pedirle perdón. Usted hace una música de ángeles”. Y no pararon de llorar en un profundo abrazo. Julio de Caro en el medio de un reportaje que le estaba haciendo Pinky, con los ojos llenos de lágrimas, le dijo: “Viste que yo no deshonré el apellido, no lo deshonré"

miércoles, 10 de octubre de 2012

EL TANGO EN ESPAÑA


En 1915 la compañía Discográfica Pathé, ofrecía en sus discos de 29 centimetros de diámetro, doble cara, un compendio de Tangos argentinos sin detallar a los interpretes.  Se podría asegurar que la "Banda Municipal de Barcelona" fué la primera agrupación española en grabar un tango Argentino.  Progresivamente otros salones y cabarets, como el Salon Royal de Barcelona irían sucumbiendo ante los compases del 2X4 y la sensualidad de los pasos dibujados por los especialistas. Muchos de ellos, al "olfatear" la tempestad que se avecinaba con el fragor de la gran guerra y resistiendose a su modo de vivir, migraron en bandadas desde la Torre Eiffel, en busca de los resplandores de la no tan lejana Puerta del Sol. Esta legión de bailarines y profesores, en su gran mayoría eran oportunistas que aprovechaban la fiebre del tango para saborear un estrellato que solo alcanzaban por aquello de que "En el pais de los ciegos el tuerto es Rey"

domingo, 7 de octubre de 2012

ANGEL VILLOLDO



La fama de Angel villoldo como payador, compositor y cantor en los primeros días del tango, comenzó en el barrio de "La Boca" en Buenos Aires hacia 1900, (poco más o menos) cuando decidió lucir sus habilidades en los cafetines que funcionaban en ese barrio Boquense, extendiéndolo hacia "Los Corrales", "San Telmo y "Las carpas de la Recoleta". En esos sitios fue agrandando su nombre pulsando una guitarra a la que le había adosado una varilla con una armónica que también utilizaba en sus interpretaciones. (miniorquesta). De esta manera fué dando a conocer sus propias creaciones, lo que indica que fué además de musico creativo, un excelente comercial de sus obras.  Francisco García Gimenez, asegura que los parroquianos de esos boliches, "enloquecidos de gusto", lo acompañaban haciendo sonar los pies en el piso y los golpes de puño en las mesas. Poco se debía escuchar si recordamos que los mozos también intervenían haciendo sonar las bandejas con los nudillos de las manos.

DOS DE TANGO


Secretos del tango porteño

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La Catedral Club, el templo del baile de Buenos Aires
29/08/201202:50 CET

Homenaje al tango

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Buenos Aires acoge el mundial de este