lunes, 5 de marzo de 2012

EL PAYADOR RIOPLATENSE



EL PAYADOR
Al lado de la poesía tradicional que sobrevive a sus cantores, suele reconocerse la existencia de una poesía efímera, puramente oral e improvisada, esa es la payadoresca. Antes de la llegada del tango como símbolo auténtico de la canción Rioplatense, compartido entre las dos orillas del Plata (Buenos Aires y Montevideo), habían otras expresiones musicales menos elaborada musicalmente pero que son parte de la historia grande de los gauchos Rioplatenses. El “Payador” es un artista netamente distinto del cantor común de bailes y canciones sencillas. Posee una escuela superior y como tal es capaz de improvisar, glosar o desarrollar un tema, usando por lo general difíciles artificios formales. “Payada de contrapunto”; una especie de torneo en el que ambos contendientes se plantean cuestiones profundas o simples en versos improvisados que se extingue con el cantor ya que es la obra del momento mismo, sin pasar a otra boca ni quedar escrita.
Acompañándose en un rasgueo de milonga octosílaba, va inventando la letra que canta con maestría dentro de un tono menor o mayor según el convite del adversario.

sábado, 3 de marzo de 2012

¡DIGA UN NUMERO JEFE!


LOS CABARETS DE VILLA REGINA
A partir de un escrito que hice ayer sobre Alfredo Belusi y su actuación en el cabarute “Caballito Blanco” que funcionó en Regina hace poco más de 30 años atrás, mi maestro bloguero Guillermo Pirri me consulta sobre artistas que actuaron en ese santo lugar. No recuerdo los que pasaron porque tampoco fueron muchos, “Rolo y Laura” trataban de contratar algunos tangueros que venían de Buenos Aires en plan supervivientes, lo mismo algunos integrantes del viejo “Club del Clan”, que recorrían el país en busca de unos mangos que Buenos Aires le negaba. La Capital argentina era la proveedora de material femenino y artístico, el cabaret Caballito Blanco alcanzó su máxima expresión de atractivo sobre 1977 aproximadamente. La publicidad que empleaba por los medios rezaba; “Veinte caras bonitas” (esa era la cantidad de mujeres que trabajaban alegrando las noches de los parroquianos Reginenses y del Valle. Allí se encontraban amigos, copas y una compañía agradable cada día, estaban los habituales y los “garroneros” (aquellos que trataban de enganchar una salida sin tener que rascarse el bolsillo.) Al gallego empleado municipal, le ponían una canción cada vez que hacía la entrada “Paganini”, estaba el médico que mantenía el lote femenino fuera de insalubridad, el farmacéutico que una noche llegó la mujer y mandó un mensaje para que saliera diciéndole al mensajero que se estaba prendiendo fuego la farmacia. El Perico que manejaba el atmosférico, y una larga lista de gente bonita y legal. Cuando cayó de comisario un tal “Lobo”, cambiaron las cosas para Rolo, se comentaba que este tira se había casado con una chica de la noche y se había jurado exterminar los antros. Le mandaba la patrulla dos o tres veces cada noche para romperle las pelotas a la aturdida clientela que cansada de mostrar el DNI en el centro de una pista de baile y con las luces encendidas, se iban borrando. Un día Rolo masticó rabia y armó la bronca, el comico lo citó a la comisaría y allí Rolo empleando lo mejor de su protocolo le preguntó canchero; ¡”diga un número jefe”! (alusión a una cometa) mientras hacía repicar los dedos sobre el escritorio. El goruta de respondió, ¡el dos”!, …ese es el numero del calabozo donde vas a quedarte de vacaciones. Así empezó la desbandada hasta que cerró “Caballito Blanco” (veinte caras bonitas cada noche en el Regina nocturno. Otra de las anécdotas graciosas, fué una noche en el Cabaret "Costa Azul" que estaba cerca del rio en una chacra. Lo piloteaba Luisito Ciochetti que tenía alma de canchero porteño. (Este Luisito desapareció de Regina y nadie supo más nada de su vida). Una noche llego una barra de revoltosos desde Huergo, (población vecina) y empezaron a amargarle la noche al pobre gordo, este se aguantó hasta la hora de cerrar ya que los chicos le habían anunciado que "ellos serían los ultimos en salir". El gordo Luis, masticando una venganza, salió escondido y les desinfló todas las ruedas del coche.. Cuando salieron los muchachos notaron las ruedas en el suelo, lo llamaron a Luis, le entregaron un inflador de mano para que dejara las ruedas como habían llegado y el pobre casi pierde los ojos. porque cada vez que quería descansar, le apoyaban un 38 en la azotea y lo animaban para que siguiera.

viernes, 2 de marzo de 2012

NO TENGO LA CULPA


Alfredo Belusi, cantor de voz pesada y varonil, fué uno de los cantores que más me gustaron dentro de la franja de tangos de los años 50 en adelante. Tuve la suerte de conocerlo en Villa Regina mientras estuvo actuando en el Cabaret "Caballito Blanco" que llevaba mi amigo el "Rolo Lamela". Debajo de un emparrado que hacía de patio en la parte trasera del Cabarute, tomamos mate, y compartimos charlas amigas.

ANGEL VILLOLDO



ANGEL VILLOLDO
Angel Volloldo fue el prototipo de porteño ligado al tango. Nació en 1869 para cuando mozo ejercer de payador y guitarrero. Supo trabajar de “cuarteador” en el barrio de Barracas en la zona del puerto de Buenos Aires. Allí algunas cuestas en los caminos por donde pasaban los carros cargados de cereales obligaban contratar la ayuda de un cuarteador para repartir el esfuerzo con los caballos de tiro que no siempre sabían superar esas cuestas resbalando en los adoquinados. Cuando esto ocurría se pedía “cuarta” y llegaba el cuarteador acompañado de un caballo de gran alzada, (casi siempre un percherón), que prendido a la cincha llevaba un lazo grueso y trenzado como para enganchar y sacar el carro en apuros.
          No cualquiera podía ser cuarteador: se necesitaba ser muy baquiano con el caballo, lo que aumentaba una fama cosechada entre el “chinerío” y mucamitas de Barracas. Tenían fama de alegres, pero si era preciso se convertían rápidamente en bravos cuchilleros. Oscar del Priore (su prolijo biógrafo) precisa que entre los dieciocho y los veinticinco años, Villoldo fue tipógrafo en el diario “La Nación”, director del coro carnavalesco “Los nenes de mamá Viuda”, (donde seguramente escribía las coplas), libretista de sociedades corales, resero en los mataderos y payaso en el Circo Raffeto, ubicado en las calles San Juan y Sarandí de Buenos Aires.
Sus primeros contactos con el tango fue acompañándose con una guitarra a la que le había adosado una varilla que sujetaba una harmónica para interpretar sus propios tangos

GARDEL PRESO


GARDEL
En los años que presentaba el programa de radio “A solas con el Tango” cultivábamos una peña de amigos que cada jueves compartíamos en un generoso asado.  Entre aquellos veinte amigos habían Uruguayos que siempre me reclamaron la nacionalidad de Gardel como Tacuaremboense y yo siempre rebatí que la nacionalidad del Zorzal era Francesa por la frondosa documentación que existe. Parece improbable que Gardel no fuera Francés, y su lugar de nacimiento no fuera Toulouse, lugar que visité más que nada por sacarme ese misterio, ¡y allí están los aportes demostrativos. Además su “carta de Ciudadanía la tramitó en 1923 en Buenos Aires, allí tuvo su casa y cada vez que regresó de sus giras lo hizo hacia Buenos Aires. Su vida, según lo relatan distintos autores biográficos, fue jalonada de sobresaltos ya que no fue un niño destacado en la escuela y desde muy joven frecuentó Cabarets, cantinas y cafés donde cantaba para sus amigos. En 1905 se ve envuelto en una riña que termina con una persona muerta y Gardel seriamente comprometido. Este episodio lo llevó a la Cárcel de Ushuaia donde permaneció dos años. Al regresar del Sur Argentino, por primera vez utiliza el nombre de “Carlos Gardel” para firmar una tarjeta de saludos.


jueves, 1 de marzo de 2012

JODIDA LA VIDA

PUCHERITO DE GAYINA (Tiembla el gayinero)




EDMUNDO RIVERO       
En los años cuarenta, empezó una mala racha para Edmundo Rivero, pare cía que ya no existía un lugar para el en el mundo de la música. El trabajo empezó a escasear hasta desaparecer, al punto que agobiado por la situación dejó de cantar. El sabía comentar que en la década del cuarenta estaban de moda los cantores de tango con registro de tenor, de manera que su registro de bajo cantante lo convertía en un bicho raro para una orquesta. Los directores empezaron a marearle la perdiz, lo escuchaban, lo hacían cantar pero no le daban trabajo. Fueron épocas en que tuvo que ganarse la vida con la guitarra. ¡Cada vez que abría la boca le decían,…¡no usted tiene la voz muy pesada!. Como la música no le daba para vivir, tuvo que entrar a trabajar en el Arsenal de Guerra, donde le encontraron un puesto de servicio administrativo. Allí se pasó cinco años en los cuales dejó de cantar. En algún momento pensó en no volver a cantar en ese periodo desde 1939 hasta 1944. Como resultado de aquella crisis un amigo lo invitó a cantar en LS9 Radio la Voz del Aire que estaba por la calle Maipú al 500, cuyo dueño era el propietario de la revista “Sintonía”. Rivero cantó el tango Caminito y una zamba, a los pocos día alguien lo llama por teléfono y le pregunta; ¿Usted fue el que cató hace unos días?, si respondió,….¡quisiera hablar con usted porque estoy formando una orquesta!,..va a la dirección que le indicaron y se encuentra con Carmen Duval la mujer de Horacio Salgán. ¡Todo un suceso de suerte!